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RECURSOS PARA LA EDIFICACIÓN DEL CUERPO DE CRISTO

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¿Cuál es el nombre de nuestra iglesia o denominación?

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Nosotros debemos saber que, según el modelo bíblico, en el principio la Iglesia nunca estuvo dividida por nombres. La Iglesia siempre mantuvo la unidad en los lugares donde ella se formó, y así encontramos: la iglesia en Jerusalén, la iglesia en Antioquía; y todos los cristianos que se convertían por el Evangelio, fueran judíos, fueran gentiles, ellos buscaban estar juntos en torno al nombre y a la obra de Cristo.

¿Qué pasa en nuestros días? En nuestros días ha sucedido algo trágico, ha sucedido algo que la Biblia denunciaba desde un comienzo. La Iglesia comenzó a dividirse en base a ministerios, a doctrinas, y en base a ciertas verdades, que aunque son verdades en las Escrituras, el énfasis en esa verdad hizo que los cristianos se separaran los unos de los otros, tuvieran conflictos los unos con los otros; pero en medio de ese ambiente tan hostil y tan contrario a las Escrituras, nosotros queremos decir que, según el modelo bíblico, el único nombre que tomaba la Iglesia, en el primer siglo, era el nombre del lugar donde ella vivía: la iglesia en Jerusalén, la iglesia en Antioquía, la iglesia en Éfeso, la iglesia en Esmirna, la iglesia en Tesalónica.

Entonces, en nuestro tiempo, la iglesia tiene muchos nombres, pero no son los nombres de los lugares donde ella vive, sino es el nombre del énfasis de un movimiento o de una doctrina o de un hombre, cosas que la Biblia critica en 1ª a los Corintios. Pablo le dice a los corintios que ellos estaban dividiéndose: unos decían que eran de Cefas, otros decían que eran de Apolos, otros que eran de Pablo; y Pablo trata ese asunto porque ni el nombre de Pablo, ni el nombre de Cefas, ni el nombre de Apolos, ni el nombre de Calvino, ni el nombre de John Wesley, es digno de dividir el Cuerpo de Cristo, por el cual Cristo murió, quien es su Señor. Pablo mismo dice: “¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1:13). El único nombre alrededor del cual nos debemos reunir, el único nombre que es digno de ser adorado en medio nuestro, el único nombre que es digno de ser recordado y predicado es el nombre de Cristo. Por eso hallamos que esta pregunta, no es sólo ofensiva en relación a la verdad de las Escrituras, en relación al deseo del Señor para Su Iglesia, sino que también es ofensiva porque nos divide los unos de los otros. Cuando yo digo: “Yo soy de tal grupo denominacional”, y tú dices: “Yo soy de este otro grupo o iglesia”, estamos poniendo una división entre nosotros, un muro de separación, cuando somos un solo cuerpo en Cristo Jesús.

Debemos pensar en una cosa: Hoy en día los hombres están edificando iglesias; muchos pastores y hombres dicen: “Mi iglesia esta”, “mi iglesia esta”, “la iglesia esta”; pero de verdad deseamos que el Señor despierte el corazón de aquellos hombres que quieren, no edificar sus iglesias, a las cuales quieren ponerle sus nombres, sino edificar la Iglesia que es de Dios, del Dios vivo, por la cual murió Cristo, y que estos hombres puedan buscar en las Escrituras la revelación y el modelo bíblico de Dios acerca de Su Iglesia, y obedecerlo en todo.

Nosotros no pertenecemos a ninguna denominación, y no queremos pertenecer a ninguna denominación. Buscamos la unidad en la comunión y el perseverar con todos aquellos que creen en Cristo, que predican a Cristo y que se conforman a las sanas Escrituras claramente reveladas por los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento. Con esto, no estamos hablando de ecumenismo, no estamos hablando de la falsa profesión de fe que tiene el catolicismo romano, con su apostasía claramente evidente, sino que estamos llamando a todos los verdaderos creyentes que aman y desean volver a las Escrituras para edificar la Iglesia, según lo que el Señor ha mostrado en ellas: un solo cuerpo, un solo Espíritu, una sola fe, un solo bautismo, una sola unidad, en torno a Cristo, en torno al nombre de Cristo, y en torno a la predicación del Evangelio centrada en Cristo, y Éste crucificado (Efesios 4:4-5; 1ª a los Corintios 1:23 y 2:2).

Amamos a todos los hermanos, recibimos a todos los hermanos. Queremos cooperar para que la Iglesia en cualquier lugar crezca, madure, sea edificada; trabajamos cada día y oramos cada día por este asunto; sólo que a veces nos sentimos un poco cohibidos cuando se nos hace esa pregunta, porque es una pregunta que nos divide, es una pregunta que nos separa, es una pregunta que aunque se haga con buenas intenciones, en sí misma atenta contra la esencia de las Escrituras que dice que la Iglesia sea una, y no sólo contra la esencia de las Escrituras, sino también contra aquello por lo cual el Señor oraba. El Señor oraba para que fuéramos uno, y ciertamente una de las grandes tragedias, una de las cosas por las que el Evangelio y la iglesia no prosperan en nuestro tiempo, es porque el Señor dijo que un reino dividido no podía prosperar. Y lamentablemente vemos hoy la iglesia dividida en miles de denominaciones, siguiendo miles de ministerios, con miles de énfasis, cuando han perdido la unidad, cuando han perdido la verdad de las Escrituras y cuando han perdido lo que el Señor quería en un principio.

El Señor dijo que el hombre sensato es aquel que edifica la casa sobre la Roca, y la Roca son las palabras de Cristo. Si la casa es edificada sobre la Palabra de Cristo, la casa va a prevalecer frente a los ataques del maligno. Nosotros debemos preguntarnos si lo que nosotros estamos edificando se conforma a lo que Dios muestra en las Escrituras, si el nombre y aparato denominacional que hemos edificado aparece en las Escrituras, si eso es la voluntad de Dios para la Iglesia, si eso es su propósito inicial y permanente. O si simplemente estamos edificando un monstruo amorfo, contrario a las Escrituras, que atenta contra las Escrituras, y que no es la Esposa amada que Cristo quería desde un principio.

El Señor nos lleve a reflexionar en este asunto, y oramos que el Señor pueda levantar en estos días verdaderos edificadores, que trabajen en pro de edificar la Esposa, la Amada, para que cuando Él venga, Su Iglesia esté preparada como una novia ataviada, sin mancha y sin arruga, delante de Él.

Pablo David Santoyo

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Última actualización el Viernes, 04 de Agosto de 2017 12:02